Ira

Es curioso. Nada recomendable y en algunas ocasiones, inevitablemente. Él vestido de gala ,me visita. Rara vez abro la puerta a su llegada. Siempre lo fuerzo a desgarrar y hacer trizas la puerta que nos separa de su morada.

Con ojos ciegos inyectados en sangre, su sombrero de copa, rojo por el dolor que materializa de su madre. Unos pantalones morados, en señal de una precoz batalla de enamorados. Capa negra como la incertidumbre del destino al ser tocado sin luz ni palma.

Él es a veces puro y se desata sobre la gente y se muestra rígido , obligándome en mí más profunda agonía a ser refugio para un alma fuerte. A ser trueno de voces que no oyen ni cánticos que no escuchan.

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