Tú,

me enseñaste el significado

de vivir una vida con sentido

y consentido fui por tus labios,

tu pelo,

tus manos

y tus piernas que sobre mí,

sin vacilar navegaban

como si de una tormenta nacían.

Que Odisea!

Ni el capitán en sus mejores días

y es que tú,

fuiste pí de mi tigre,

ojos de mis alegrías

y sentido, de mí sin sentido.

No te culpo,

ni te guardo rencor

y aunque prometí un último,

lamento hoy,

el volver a recordarte.

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