Mi último lamento

Es duro decir adiós a alguien. Es duro decirse adiós a uno mismo , convercerse de que lo nuestro no funcionó y Dios es testigo del esfuerzo que hice por no mirar el espejo de las verdades. No lamento nada, no lamento el tiempo a tu lado, las manos entrelazadas y tú, fuiste varias veces musa de mis escritos. Cómo podría lamentar eso? Pero como todo en esta vida se acaba; lo nuestro no iba a ser la excepción.

Tal vez ella aún no ha llegado.

Y tras un mes de lamentos inútiles pero necesarios, me levanta de nuevo el mejor final que pude conocer alguna vez: verde hierba; donde mis pies caminan ya sin ataduras, azul cielo; por donde vuelan las ideas siempre libres y el incoloro destino escribe sin faltas mi próxima canción, soneto acompañando los andares de mil vientos melódicos. Seguiré el sonido de esta jovial música y creo saber dónde me lleva.

Te deseo lo mejor.

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